Miércoles. ya teníamos nuestras dudas… y no era para menos, algunas regurgitaciones, algunos mareos y la comida le parecía con un sabor extraño…-Oye- dijo ella, -compramos un prueba de embarazo?-
- No sé, tú eres la que de verdad lo sientes – contesté.
Jueves. No me aguanto las ganas de saber, entonces como buen ansioso, la llamé y le dije “cómprala” y así lo hizo.
La recogí en el trabajo como todos los días y nos fuimos para la casa, ella entró al baño, orinó y vertió las goteras suficientes como para hacer funcionar la prueba. Salió de bañó mientras que yo, cronómetro en mano, contabilizaba los 3 minutos para confirmar nuestras sospechas, salió una rayita roja y la otra rosada, y aunque el instructivo decía que era positivo, nos tocó dudar un par de minutos hasta que nos convencimos…
Estamos embarazados…

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